
Últimamente a los políticos de oposición les ha dado por vender la Economía Social de Mercado como una panacea a los problemas del país - que no es más que otra manera de nombrar el único modelo económico eficiente de creación de riqueza que existe que es el capitalismo - pero con la falsa idea de que pueden copiar el esquema alemán y hacer que funcione en Venezuela como si se tratase de un software de computadoras que se instala de un terminal a otro, con la esperanza ciega de que funcionará de igual forma.
Es lamentable que a estas alturas del partido aún los políticos e intelectuales del país no entiendan que precisamente lo que hace falta en Venezuela es una venezolanización de las teorías, de la mano de la investigación, de la producción de conocimiento nuevo, de la comprensión de nuestra propia cultura.
¿Cómo alguien que ose incursionar en la política nacional y pretenda dirigir el destino de millones de personas, puede intentar acoplar a la Venezuela de hoy los resultados exitosos de las políticas económicas emprendidas por una Alemania Occidental con un potencial industrial bárbaro, y que encabezó la Segunda Revolución Industrial al añadir al mecanismo de generación de riqueza un factor (que aún hoy sigue siendo una ventaja comparativa en relación al resto del mundo) como lo es la producción de conocimiento nuevo, sobre todo cientìfico?
¿Cómo comparar con una Venezuela que en la actualidad ni siquiera genera conocimiento nuevo, que ha convertido a muchas de sus universidades (sobre todo las públicas) en meras grabadoras/repetidoras de teorías caducas, que tiene una muy precaria herencia industrial de menos de 60 años (y siempre bajo la tutela de un estado Protector), que culturalmente es rentista incluso desde la era colonial cuando los españoles lejos de producir riquezas sólo eran explotadores de piedras preciosas, que desconoce el significado de "riqueza" y que mantiene a su ciudadanía ilusionada con el espejismo que produce una abundancia de recursos naturales que no puede ni explotar, que cuenta con una sector industrial que históricamente y por cuestiones culturales tiene aversión al riesgo y a las inversiones a largo plazo, que carce de instituciones sociales y políticas fuertes, entre miles de tantas desventajas comparativas que mutilan nuestro potencial productivo?
¿A quién se le ocurrió la genial idea de seguir copiando modelos refritos y empezar a construir las bases para un nuevo episodio de fracaso en la historia económica venezolana, sin comprender que precisamente la fortaleza de la Economía Social de Mercado en Alemania es que lograron, a través de décadas de ensayo y error, establecer una dinámica político-económica ajustada a su propia ideosincracia? ¿Hasta cuando la flojera mental que heredamos de nuestra historia rentista nos va a invitar a seguir buscando salidas a nuestra crisis en las ideas de extranjeros, alejados de nuestra propia realidad?
Cada vez me convenzo más de que, efectivamente, ¡El problema es cultural!
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