Las políticas de persecución a los sitios de almacenamiento y descarga de archivos, así como los servicios de descarga P2P, constituyen herramientas para la preservación de privilegios económicos a determinados agentes en mercados donde la lucha es claramente desigual.
Contrario a lo que sugiere la ortodoxia económica, la excesiva rigidez en la protección de los derechos de propiedad intelectual está contribuyendo a consolidar estructuras monopólicas que disminuyen la eficiencia en industrias como el cine, la música, la literatura y los videojuegos.
Investigaciones recientes como la divulgada por ADSL Zone sobre los efectos negativos del cierre de Megaupload en la industria del cine (fenómeno probablemente extensible a otros sectores como TV, música y videojuegos) respaldan las tesis sobre la alta correlación existente entre la igualdad en la distribución del ingreso y el crecimiento del producto, considerando el potencial divulgador (gratuito) del portal como una transferencia de renta (Megaupload funge como redistribuidor del ingreso), o un subsidio a la publicidad para las productoras más pequeñas financiado por las más grandes.
El estudio basado en el análisis de datos semanales de 1344 películas en 49 países a lo largo de 5 años arrojó conclusiones reveladoras sobre la recaudación en las taquillas antes y después del cierre del portal de Kim Dotcom:
1) Las películas de baja o media producción vieron sus ingresos gravemente mermados
2) Las superproducciones vieron incrementados sus ingresos
3) Los ingresos totales cayeron
El costo social real de la desaparición de Megaupload se mide en el agregado, cuando la industria en general se ve perjudicada mientras se incrementan las ganancias de los grandes de siempre. La pérdida de bienestar se mide en la caída en la producción total de obras cinematográficas y en la perpetuación de la desigualdad en términos de la competencia.
El costo social real de la desaparición de Megaupload se mide en el agregado, cuando la industria en general se ve perjudicada mientras se incrementan las ganancias de los grandes de siempre. La pérdida de bienestar se mide en la caída en la producción total de obras cinematográficas y en la perpetuación de la desigualdad en términos de la competencia.
No se trata de un fenómeno aislado. En el comercio internacional se ha desatado los últimos años una batalla sin piedad por el control de patentes con el fin de otorgar a los productores mayores beneficios a través de la expoliación de renta a los competidores y no de la explotación. Destacan en este sentido la adquisición de 1.000.000 de patentes de IBM por parte de Google a mediados de 2011, y la encarnizada diatriba legal entre Samsung y Apple, en diversos tribunales del globo a lo largo de 2012, por la autoría de las pantallas táctiles.
Escenarios como éste nos invitan hoy a participar en la discusión sobre los retos de la actual legislación sobre los derechos de propiedad intelectual, a comprender las consecuencias reales de propuestas jurídicas como el ACTA (Anti-Counterfeiting Trade Agreement) y el SOPA (Stop Online Piracy Act), y a rescatar la producción como criterio medular para la toma de decisiones de economía política en la sociedad del conocimiento, en contraposición a la depredación de cuotas de renta, típica de los modelos oligopólicos, que cabalga libremente en el comercio internacional.

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