sábado, 9 de marzo de 2013

Una crisis en la fe...



Venezuela enfrenta hoy tal vez uno de los más grandes conflictos de su historia, un continuo desdibujar de la figura del Dios que durante siglos cimentó la familia y el Estado. Una crisis que se observa en la proliferación de innumerables sectas y religiones alternativas que han socavado el poder moral (y por ende político) que durante siglos mantuvo la Iglesia Católica en nuestro país.

Como cause de la fe, la Iglesia se ha debilitado significativamente tras su identificación, a inicios de la polarización, con una clase política, y ello ha creado el caldo de cultivo perfecto para que gran parte de la sociedad haya resuelto buscar a Dios en otros rostros, en medio de una vorágine de consumo en la cual la religión es también una mercancía.


No en vano han tomado una gran preponderancia las derivaciones protestantes del cristianismo, así como las corrientes new age que transfiguran la forma del Dios (aquel de quien el hombre es hecho a imagen y semejanza) a través del cosmos y la metafísica, y el indudable apogeo de la santería que ha logrado minar la sociedad venezolana por distintas vías, en unos casos asiéndose a símbolos propios del catolicismo y en otros aboliéndolos por completo.

Lo cierto es que la eterna búsqueda de Dios se ha vuelto "nómada". Ahora deambula entre formas, ritos y figuras diversas buscando conseguir el paliativo definitivo a la ansiedad propia de un modelo de sociedad que promete pero no cumple, y que mantiene al sujeto vulnerable e insatisfecho.


Freud decía que Dios surgió como una prolongación a la adultez de la necesidad de protección contra los embates de la naturaleza que encara el niño desde el nacimiento, y que en sus inicios es encarnada en la figura paterna. En aquellas sociedades racionalistas, donde la religión no ocupa un papel protagónico, esa ansiedad es cubierta por sustitutos de la figura de Dios como la tecnología, o por líderes de clase, como ocurre en aquellos países donde el marxismo no es sólo una referencia de los desbalances propios del capitalismo sino un dogma aun ampliamente aceptado.


Históricamente, en Venezuela el caudillo convivió con la figura de Dios. El Caudillo siempre fue el sustituto criollo perfecto de la figura monárquica que tradicionalmente compartía el poder divino con la Iglesia. En la actualidad, con una Iglesia católica para algunos deslegitimada en la fe, y para otros representante de un Dios cristiano desvanecido (el caso más extremo), el líder de clase fácilmente logra ocupar el trono divino. Adquiere inmediatamente las propiedades necesarias para llevar a cabo su papel protector: omnipotencia (en vida), y omnipresencia y eternidad (en la muerte).


Hoy Chávez puede ocupar un lugar en el cielo como intermediador (para cristianos), como guardián (para los santeros), como Dios mismo (para los marxistas dogmáticos). Lo indudable, es que su figura estará destinada a cubrir las deficiencias de un Dios católico que hoy, en Venezuela y para muchos, no es el remedio para las angustias ni ofrece confort al alma.


Es, absolutamente, una crisis en la fe.

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