Es alarmante, mas no sorprendente, el ritmo y la facilidad con la que fenómenos sociales como Anonymus van ganando adeptos en cada rincón del planeta. En la era del 2.0 es fácil encontrar centenares de foros y blogs gestados con la única idea de difundir ese espíritu rebelde que un año atrás alzaba por primera vez su voz ante el escándalo de wikileaks y la emisión de la tan criticada orden de captura contra Julian Assange.
Anonymous nace, según sus propios abanderados, en defensa de un derecho humano explícito y a la vez ambiguo como lo es la libertad de información, una motivación no menos que paradójica dada la naturaleza anónima de su accionar.
Anonymous nace, según sus propios abanderados, en defensa de un derecho humano explícito y a la vez ambiguo como lo es la libertad de información, una motivación no menos que paradójica dada la naturaleza anónima de su accionar.
Así como Anonymous como movimiento social (propenso a ser considerado también político, dadas sus incontables manifestaciones de protesta a nivel mundial y su cada vez más frecuente aparición en los medios de comunicación fijando posición en incontables temas políticos) está inspirado en una cadena de historias de rebeliones colectivas que han sido protagonistas de muchas obras literarias y fílmicas en los últimos 30 años, sobre todo con el auge de las comunicaciones y del internet, y esa sensación masificada del "Big Brother" que cada vez es más universal; y aunque ciertamente los individuos de cada sociedad reconocen en sus sistemas infinidad de perversiones (lamentable sería, de hecho, una sociedad conformista) y motivaciones para desear un cambio radical, también el arte nos ha dado luces para prever lo obvio, y es lo peligrosa que puede resultar la consolidación de un movimiento que seduce a las masas con lazos de hermandad nacidos de la inconformidad, pero que convierte una lucha CIEGA (por ambigua y poco clara) en un fin en sí misma, que en un grado superlativo sólo podría conducir al caos. Luchar por luchar es tan pervertido como la acostumbrada búsqueda del poder por el poder.
Un ejemplo de caos por ausencia de un fin claro surgió hace una semana, cuando se hizo noticia que un ala de Anonymous planteaba un ataque masivo a la conocida red social Facebook para el 05 de noviembre próximo. Inmediatamente uno de los más confiables portavoces de Anonymous confirmaba la existencia de dicho plan, dejando claro que el proyecto cargaba con el rechazo de la mayoría de los "anónimos" que componen el grupo a nivel mundial, incluido él.
En cierta forma, el mismo Anonymous se está convirtiendo para el sistema en ese mismo "Big Brother" contra el que pretende luchar. Para los revolucionarios adquiere dotes heroicas, pero en los conservadores produce exactamente el mismo temor.
Hoy por hoy, para las grandes instituciones (que no por criticables dejan de ser en su mayoría legítimas) la impredecible agenda de Anonymous es un motivo de preocupación. ¿Y cómo no serlo? Si el anonimato es condición sine quanon inclusive entre sus propios miembros, y eso es garantía de descontrol... tarde o temprano.
Como corolario se me hace más que pertinente recordar que grandes luchadores sociales de la historia como Mahatma Ghandi y Martin Luther King no sólo daban la cara, sino que sus luchas tenían un fin último claro, y les sobraban cojones para resistir los ataques del sistema hasta que sus demandas alcanzasen el éxito. Al igual que ellos, la convicción de luchar por una causa justa debe ser motivo suficiente para mantener nuestra frente en alto, no para volvernos Anonymous.
Aníbal Álvarez

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