martes, 16 de agosto de 2011

Los movimientos sociales y el nuevo tejido social

Los movimientos y las protestas sociales han saltado a la cima de la opinión pública en los últimos meses, a lo largo y ancho del occidente del mundo. Comenzando con un sentimiento de descontento ante la crisis en Grecia, pasando por el despertar liberador del mundo árabe, una serie de manifestaciones sociales cargadas de un profundo descontento y sed de cambio hacia nuevos horizontes, se ha propagado continuamente en países claves dentro de los continentes donde las protestas se han realizado.

Luego de un siglo XX cargado de cierta agitación, de ensayos de proyectos políticos y económicos fallidos, y otros tantos acertados en su justa medida; se nos abalanza un siglo XXI en crisis, un siglo XXI de dudas, de desconcierto, de incertidumbre. En esta última década, el mundo se ha ido acoplando a una nueva maquinaria, similar a la generadora de un tejido social a medio terminar en el siglo XX (el tejido global), pero que se configuro bajo la bandera de la información, la comunicación y las redes a escala mundial. El siglo XXI comienza su carrera de estructuración hacia un nuevo tejido social, un tejido global potenciado por la internet, declarando el comienzo de la era digital.

La llegada de esta nueva era, así como otras en tiempos pasados; significa, como si de una ley se tratara; el desplome o la reconfiguración de los esquemas políticos y sociales vigentes hasta entonces. La adaptación nunca resulta un asunto sencillo, y se ve ejemplificado en la resistencia a desaparición o a la evolución de los mencionados esquemas y, la creciente movilización social que ocurre en los últimos tiempos, ya plasma el hecho del advenimiento de ciertas reconfiguraciones.

Sin embargo, la reformación del tejido social no resulta ser un fenómeno homogéneo, al contrario representa todo un fenómeno empapado de mucha heterogeneidad, bajo una premisa común entre ellos: el desgaste de los sistemas actuales. La cada vez más evidente evolución del capitalismo del siglo XX a una nueva figura del capitalismo dentro de la era digital, ha sido eje impulsor fundamental en la generación de los movimientos sociales que conforman la reconfiguración hacia la era digital.

El accionar del movimiento de los indignados españoles, de corte pacífico pero determinado a ser generador de nuevos esquemas en su región ante la crisis económica; las protestas chilenas, reaccionando en pro de una educación de alta calidad y sin costo para sus estudiantes, y generadas por el quiebre de un esquema que mantiene a los ciudadanos chilenos con altos niveles de desigualdad, que indudablemente ha afectado el sistema educativo; el resurgimiento de la barbarie en Londres y ciertas ciudades de Inglaterra, dando por hecho el despertar de individuos que conviven renegados de la ciudad, pero dentro de la misma. Lo anterior es ejemplo de la heterogeneidad de la reformación del tejido social en nuestro tiempo.

La incertidumbre es, pues, la reina de nuestros días; la duda y el desconcierto plagan la subjetividad del individuo, que día a día va estructurándose bajo la nueva maquinaria social, una maquinaria que sigue tejiendo la nueva sociedad, pero de la cual se desconoce aun, la textura del tejido.

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